jueves, 6 de junio de 2013
Sólo bastó un cruce de miradas
Never stop to surrender. La primera vez que escuché esa frase fue en una canción de 'The Temper Trap'. La verdad es que nunca me había parado a pensar en ello. Y hoy, esa frase es mi filosofía de vida. Con los años, me voy dando cuenta de que si no se intenta, probablemente nunca se conseguirá. Quien no arriesgue, tiene cero posibilidades de conseguir su objetivo. Todo está en la perseverancia, en no tener miedo a nada, en cómo afrontemos la vida, y cómo queramos que esta sea. Todo está en jugarse la mano de cartas que tenemos a una, sin saber si acertaremos o no. En caerse veinticinco veces pero levantarse veintiséis. Los seres humanos por naturaleza somos muy cobardes, y no somos capaces de plantarnos y decidir qué es lo que queremos. Pero hay excepciones que confirman la regla. Quizá yo sea una de ellas. Yo me la jugué. Y gané. La vida me dio una segunda oportunidad para ser feliz. Y no la desaproveché. Soy consciente de que no puedo ser feliz siempre. La felicidad no es una línea, sino pequeños segmentos que se acompañan de retos y caídas.
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