martes, 6 de agosto de 2013


Últimamente me he hecho antiparejas. No sé si es porque ahora pienso que todas son empalagosas, o porque realmente tengo un poco de envidia sana por tener algo que yo añoro. A todos nos gusta decir que no dependemos de nadie, que no necesitamos de nadie para ser felices, pero a veces está bien quitarse esos muros y esas barreras por dos minutos al menos, e intentar ser algo honestos con nosotros mismos. Yo sí lo necesito. Y estoy segura de que el 90% de la población estaría de acuerdo conmigo. Es triste admitirlo, pero nuestra felicidad depende de aquella persona que nos complementa. Y sino pensadlo: ¿no sois más felices cuando sabéis que tenéis a alguien que os quiere a vuestro lado? ¿No estáis más radiantes cuando tenéis a alguien excepcional a vuestra vera? Tic tac, tic tac, el tiempo corre y sólo queda un minuto sin muros. Pensad en todas las sensaciones que os despiertan. En lo que consiguen sacar de vosotros, en lo felices que os sentís, y en lo felices que os ven. En todas las carcajadas que soltáis. Nunca son las mismas. En todas las sonrisas que regaláis. No hay dos iguales.
Y el tiempo se acaba y yo vuelvo a mi mundo loco en el que impera un pequeño vacío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario