miércoles, 25 de septiembre de 2013

Creo que es la primera vez en la que tengo miedo. Pero miedo infernal. Nunca me había sentido de esta manera, y al ser la primera vez es un poco abrumador. No quiero que te vayas nunca, puede que porque te has convertido en una parte esencial de mí. No creo que tenga que conocerte tanto como para saber que eres la parte perfecta que me complementa. Eres el ying para el yang. La otra media naranja. Nunca había tenido una corazonada tan fuerte, un sentimiento tan profundo. Nunca había tenido las cosas tan claras como ahora. Y todo se resume a una palabra: tú. Quédate conmigo. Siempre. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Cuando me encuentro indecisa ante una situación, pruebo a tirar una moneda al aire. es un truco que aprendí hace tiempo, y no sólo porque me saque de dudas de manera forzada, sino porque en el preciso momento en el que la moneda está en el aire, sé qué cara es la que quiero que salga. 
Tu sonrisa es un bálsamo, ¿lo sabías? Es verla y todos los rollos de la cabeza, todas las malas cosas, todas las tristezas, las tensiones, los agobios... Todo se esfuma. Me vuelves loca cuando me acaricias el contorno de mi cara y me das pequeños besitos en la nariz. O cuando me robas besos de repente. Amo cuando intentas hacer crujir mi espalda con uno de esos abrazos de oso que tanto me encantan. O cuando nos tumbamos a mirarnos durante horas. O incluso cuando en sueños escucho que no paras de repetirme que me quieres. En tus brazos me siento como en casa, me siento protegida, me siento querida después de bastante tiempo, tal y como yo lo siento. Siento que después de mucho tiempo, después de mucha búsqueda, después de muchas decepciones, por fin ha llegado mi momento de ser feliz. De sentirme en la cima de la felicidad. Y por primera vez siento que en este momento no me gustaría estar en otro lugar que no fuese a dos centímetros de distancia de ti. Y aún así pienso que dos centímetros es mucha distancia para nosotros. Es ver tu sonrisa y sentir que es sinónimo de felicidad. Y a mí me va la felicidad. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Tantas preguntas sin respuesta... A veces me pregunto por qué las personas tenemos sentimientos. ¿Por qué sentimos por otras personas? ¿Por qué sentimos cariño, amor? ¿Y por qué lo hacemos tan difícil la mayor parte del tiempo? A veces pienso que la vida sería menos complicada si eso que llamamos amor no estuviera presente. Supongo que nos quitaríamos muchos dolores de cabeza, muchos enfados... Sin embargo, es el amor, el cariño, el afecto lo que ha movido el mundo desde tiempos inmemoriables. El amor, el sentir por otras personas hace que seamos como somos, que seamos felices. Porque el amor, o más bien LA persona nos complementa, nos entiende, y hace que nos sintamos queridos. Y supongo que todos tenéis esa persona especial. 
Sé que a veces el amor es decepcionante, es asqueroso, hasta que encuentras a tu mitad. 

domingo, 15 de septiembre de 2013

"Que no hay monstruos en el armario, ni los reyes magos te vigilan para ver todo lo malo que haces. Sé que los malos son muy malos, y los buenos no son tan buenos. Créeme, que he aprendido que los conciertos están para dejarse los pies, y la voz. Que los besos a escondidas saben mejor. Que un baño de agua fría a veces sienta tan bien como uno de agua caliente. Que el mundo está plagado de personas agradables, y a la vez, de personas que no merecen ser llamadas personas. Ahora sé que no hay calcetines para el pie izquierdo, ni para el pie derecho. Que los tacones a las cuatro de la mañana en una fiesta, ya no están en los pies. Que las medias se rompen muy fácilmente, y que el pintalabios rojo no se borra de las camisas blancas. Y lo más importante, sé que de siete días a la semana, yo te quiero ocho".

(En tus brazos)
Dicen que las mejores cosas son aquellas que pasan por casualidad. Ciertamente, al principio no lo creía así. Pero me he dado cuenta de que las mejores cosas son aquellas que no planteas, aquellas que no esperas. Y ocurren. Conocer a grandes amigos, conocer a grandes personas... O conocer a LA persona.

Nunca me he considerado la típica chica que se siente como en un cuento Disney, en el que conoce al chico de sus sueños y es feliz. Supongo que porque en mi fuero interno sé que nunca tuve suerte en esta cosa loca que llamamos "amor", bien por mí, o por cualquier otra razón. Pero esta vez me siento exactamente así, y a pesar de ser una sensación extraña, no me disgusta en absoluto.
Porque casa no es un lugar, casa es una persona, y hoy, por fin, me siento en casa.