lunes, 6 de mayo de 2013
Cuando me dieron la oportunidad de estudiar no me lo pensé dos veces. Sabía lo que quería hacer con mi vida. Y hoy, un año después, estoy aquí, estudiando lo que me gusta y donde quiero. Sí, mis aspiraciones no han cambiado. Desde que apenas tenía cuatro años había querido ser periodista. Al principio, porque me gustaba hacer de presentadora de televisión; después, porque me gustaba informar de lo que fuese. Y hablar. Me encantaba hablar. Y todavía me encanta. Pero según fui madurando, me di cuenta de que quería ser periodista para cambiar el mundo. No nos damos cuenta, pero somos la cuarta potencia que lo mueve. La gente necesita información para vivir al día. Nosotros se la proporcionamos. Fue entonces cuando supe que podríamos utilizar lo que amamos como arma de doble filo. Conforme me fui haciendo mayor, comencé a ser consciente de las atrocidades que nos rodeaban. Y fue entonces también cuando me di cuenta de que este mundo se nos está yendo de las manos. Día a día hay millones de historias que no son sacadas a la luz por culpa de los gobiernos corruptos. Muertes y asesinatos que no existen porque 'no son importantes'. Hipocresía de la que no se habla porque es mejor así. Noticias que se quedan en las redacciones de los periódicos porque sí. Y periodistas, muchos periodistas que faltan al juramento que una vez hicieron. 'Informaremos sobre la verdad, cueste lo que cueste'. Y esto no debería ser así. Los periodistas tendrían que definirse como aquellas personas, hechas de otra pasta, que lo dan todo por informar sobre la oscura verdad que nos rodea. Por ser tenaces a la hora de buscar información, y valientes a la hora de darla. La prensa en general no debería ser manipulable. Y sin embargo, a veces lo es.
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