martes, 15 de octubre de 2013


Era una fresca noche de septiembre. Se empezaba a notar el cambio de tiempo en Pamplona. Yo, que iba con unos pantalones altos y una camiseta corta, estaba maldiciendo al mundo por no haberme puesto unos pantalones decentes. Íbamos un grupo de amigas a la que es nuestra segunda casa, cuando una de ellas se abalanzó sobre un chico de rasgos suaves y sonrisa perfecta. No paraba de achucharle, y en ese momento creo que me puse hasta celosa, aunque nunca supe por qué, hasta hoy. El cruce de miradas fue corto, más corto que un suspiro, pero intenso, muy intenso. Por primera vez un hombre me intimidaba de una manera que jamás había experimentado. A ratos le miraba, me miraba... Y al estar tan nerviosa, lo único que podía hacer era hablar, hablar y hablar. Y de hecho eso es lo que hice, aunque creo que le dejé un poco asustado. Intercambiamos palabras, impresiones como amigos de toda la vida, pero sentía algo extraño en la atmósfera, algo con lo que ya no estaba apenas familiarizada. Y esa sensación, y por supuesto el hecho de ser él, me empujaron a conocerle más. Y cada vez que lo conocía me enamoraba más. Con pequeños detalles, con cariño, con amor. Y hoy estamos aquí, un mes después, y me doy cuenta de que elegir estar contigo es la mejor decisión que he tomado. Este es el primero de muchos. Te quiero. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario